
Hoy, con 51 años, Oscar no pide lástima. Pide una prótesis que le permita trabajar.
El Estado provincial le dio una. Básica, estándar, de las que se entregan sin hacer demasiadas preguntas. Sirve para caminar, dice Oscar. Pero no para vivir.
"Es una prótesis común que solo sirve para caminar. No puedo hacer fuerza, no puedo alzar peso porque está deteriorada y corro el riesgo de que se rompa", explicó el ex-tarefero en diálogo radial esta semana.
La frase que vino después resume todo: "Cuando es para el pobre, te dan lo que ellos quieren, no lo que uno necesita".
El accidente de Colonia Aurora quedó marcado en la memoria del agro misionero. Cuatro tareferos muertos. Oscar y otro compañero con una pierna menos. Una tragedia que dejó viudas, huérfanos y promesas oficiales de nunca más.
Pasaron 26 años. Las promesas se esfumaron. Oscar sigue vivo, sigue luchando, pero ahora lo hace con una prótesis que se cae a pedazos.
"Me queda profunda, tengo que rellenar el muñón para usarla y se dobla", describe. No es un problema estético. Es funcional. Es la diferencia entre poder trabajar o quedarse sentado mirando cómo pasa la vida.
Porque Oscar tiene 51 años. No es viejo. No está pedido. Quiere trabajar, tiene un emprendimiento, necesita cargar peso, subir cerros, moverse con normalidad. Pero con la prótesis que el Estado le dio, eso es imposible.
La prótesis que el estado no da
Lo que Oscar necesita es una prótesis de fibra de carbono con articulación en el tobillo. Alta tecnología. Dispositivo que permite desplazarse con naturalidad, hacer fuerza, sostener peso, trabajar como cualquier persona sin discapacidad.
"En Buenos Aires te hacen la medida exacta. Los técnicos trabajan en el día para que vuelvas con la prótesis puesta y garantizada", explica Oscar. No es fantasía. Es el estándar en países donde la discapacidad no es sinónimo de condena perpetua a la inmovilidad.
El costo: $1.410.000.
Para Oscar, que cobra una pensión de discapacidad de $255.000, esa cifra es inalcanzable. Para el Estado provincial, representa menos de lo que se gasta en un evento protocolar, en una publicidad oficial, en un viaje de funcionarios a Buenos Aires.
Pero Oscar sigue esperando.
Y el Estado sigue sin responder.
El Ministro que conoce el caso y no resuelve
Hay un dato que hace todo esto más incómodo: el Dr. Héctor González, actual Ministro de Salud de la provincia, conoce el caso de Oscar desde su gestión como director del Hospital de Oberá.
Lo conoce. Sabe quién es. Sabe qué necesita. Y sin embargo, no hay solución.
No es desconocimiento. No es burocracia lenta. Es lisa y llanamente una decisión de no priorizar.
Porque la verdad es que una prótesis de fibra de carbono para un ex-tarefero que sobrevivió a una tragedia vial histórica no genera rédito político. No se corta cinta. No sale en la foto.
Entonces se le da lo básico, lo mínimo, lo que alcanza para decir "el Estado está presente" sin realmente estarlo.

La reparación histórica que nunca llega
Oscar no está pidiendo un favor. Está reclamando una deuda.
Una deuda del Estado con los tareferos que durante décadas sostuvieron la economía misionera en condiciones infrahumanas. Una deuda con las víctimas de accidentes laborales que nunca tuvieron las condiciones de seguridad mínimas. Una deuda con los sobrevivientes que cargan en el cuerpo las marcas de un sistema que siempre los consideró descartables.
"Yo lo hago por mi familia. Tengo 51 años, soy joven y todavía tengo posibilidad de trabajo, pero sin la prótesis adecuada nos cierran las puertas", dijo Oscar.
Léanlo de nuevo: "Soy joven y todavía tengo posibilidad de trabajo".
No está pidiendo asistencia perpetua. No está pidiendo que lo mantengan. Está pidiendo una herramienta para poder trabajar, para poder ganarse la vida, para no depender de nadie.
Y el Estado le responde con una prótesis que no le permite desplazarse como necesita.
La solidaridad como única salida
Ante el silencio oficial, Oscar tuvo que hacer lo que miles de argentinos hacen cuando el Estado falla: pedir ayuda a la gente.
Armó una campaña solidaria. Abrió un alias de Mercado Pago. Compartió su historia en redes sociales. Y empezó a juntar, de a poco, lo que debería haber resuelto el gobierno provincial con una firma.
Hasta ahora recaudó una pequeña parte. Todavía está lejos de la meta. Pero sigue intentando, porque no tiene otra opción.
Mientras tanto, en alguna oficina pública, alguien firma presupuestos millonarios para obras que nunca arrancan, para consultorías innecesarias, para viáticos de funcionarios que viajan a congresos internacionales.
Pero para Oscar, que perdió una pierna trabajando en el agro misionero y sobrevivió a una tragedia que mató a cuatro compañeros, no hay plata.
La brecha entre el discurso y la realidad
En Misiones se habla mucho de la inclusión. De los derechos de las personas con discapacidad. De la reparación histórica con los sectores postergados.
Pero después están los Oscares. Los que reciben dispositivos básicos que no resuelven nada. Los que tienen que salir a pedir limosna digital porque el Estado les niega lo que necesitan para trabajar.
"Cuando es para el pobre, te dan lo que ellos quieren, no lo que uno necesita", dijo Oscar.
Y tiene razón.
Porque la lógica del Estado con los sectores populares es siempre la misma: dar lo mínimo indispensable para que no se mueran, pero nunca lo suficiente para que puedan vivir con dignidad.
Una prótesis para caminar, pero no para trabajar. Una pensión para no morirse de hambre, pero nunca para vivir decentemente. Una respuesta burocrática en lugar de una solución real.
Lo que está en juego
Esta no es solo la historia de Oscar. Es la historia de miles de misioneros con discapacidad que dependen de lo que el Estado les quiera dar.
Es la historia de un sistema de salud pública que funciona con criterio de caja antes que de derecho. Es la historia de funcionarios que conocen los casos pero no los resuelven porque no hay presión mediática suficiente.
Y es, sobre todo, la historia de una provincia que se llena la boca hablando de desarrollo e inclusión, pero que deja a un sobreviviente de una tragedia histórica pidiendo ayuda en redes sociales para conseguir una prótesis.
Porque el problema no es que Oscar necesite una prótesis de alta tecnología. El problema es que para el Estado, un ex-tarefero con discapacidad no vale $1.410.000.
No vale la inversión. No vale el esfuerzo. No vale la firma que resuelve.
Cómo Ayudar
Mientras el Estado mira para otro lado, la solidaridad de la gente es la única salida.
Si querés colaborar con Oscar:
Alias de Mercado Pago: fila.plan.otro.mp (a nombre de Oscar Daniel Rodríguez)
Redes sociales: En Facebook e Instagram como Óscar Rodríguez
Cualquier aporte suma. Porque no se trata de caridad, se trata de justicia. De una reparación histórica que el Estado le debe y que la sociedad puede empezar a saldar.
La pregunta incómoda
¿Cuánto vale la vida de un tarefero en Misiones?
¿Cuánto vale la de un sobreviviente de una tragedia que conmocionó a toda la provincia?
¿Cuánto vale la posibilidad de que un hombre de 51 años pueda seguir trabajando en lugar de quedarse inmóvil con una prótesis rota?
Para Oscar, vale $1.410.000. Una cifra que para el Estado provincial es calderilla, pero que para él representa la diferencia entre tener futuro o resignarse a la inmovilidad.
Señor Ministro de Salud: usted conoce el caso. Sabe quién es Oscar. Sabe qué necesita.
Todavía está a tiempo de hacer lo correcto.
O seguiremos siendo testigos de cómo el Estado misionero le da la espalda a los que sostuvieron la economía de esta provincia con su trabajo y su sangre.
foto Primera Edición
Marcelo Telez
Director RPD Noticias


