La Reforma que aumenta la litigiosidad que dice combatir

Rodrigo Diello no es amigo de las entrevistas. Lo dice al aire, casi como disculpa antes de empezar. Pero hay momentos en los que el silencio no es opción, y este es uno de ellos.

Marcelo Telez
25 feb 2026 · 20:58 · 10 min de lectura
La Reforma que aumenta la litigiosidad que dice combatir

Diello es abogado, Secretario de Finanzas y Administración de AECO, la Asociación de Empleados de Comercio de Oberá, e hijo de Ramón Diello, histórico responsable de asuntos laborales del gremio.

Un apellido que en el mundo sindical obereño tiene peso, historia, credibilidad.

Y si acepta sentarse frente a un micrófono es porque la reforma laboral que el gobierno de Javier Milei acaba de sancionar no es un tema más. Es una bomba de tiempo que va a explotar en los tribunales, en las empresas, en la vida de miles de trabajadores que todavía no saben qué derechos perdieron.

"Esta reforma está hecha a medida de alguien, y claramente no son los trabajadores", dispara Rodrigo apenas arranca la charla. No hay prólogo, no hay rodeos. La diagnosis es directa y brutal.

Uno de los grandes relatos oficiales para vender esta ley fue que iba a terminar con "la industria del juicio". Que los caranchos dejaran de vivir de demandar empresas. Que las relaciones laborales fueran más claras, más simples, más modernas.

Rodrigo Diello, que trabaja hace años en derecho laboral y conoce el paño de primera mano, dice exactamente lo contrario: esta reforma va a generar más juicios, no menos.

"Si la pretensión del legislador era bajar la litigiosidad, lo que va a hacer es crear más elementos para que los abogados laboralistas realicen un juicio", explica. Y después viene el argumento técnico, pero devastador.

Antes, cuando un trabajador no estaba registrado correctamente, había multas establecidas. Clara, específicas, tarifadas. El empleador sabía a qué atenerse. El trabajador sabía qué reclamar. Los abogados tenían un marco legal preciso.

Ahora esas multas desaparecieron. ¿Y qué pasa entonces? Que los abogados laboralistas no se quedan de brazos cruzados. Van al derecho civil, que es el "derecho madre", y plantean una lesión contractual. Y ahí, sin topes ni tarifas claras, la litigiosidad explota.

"Ya lo veíamos antes con el decreto 70/23 y con la ley bases. Cuando estos derechos son reconocidos y después hay un retroceso, la sociedad entiende que si no se cumplen determinados estándares hay una lesión. Y se reclama", dice Rodrigo.

Traducido: eliminaron las multas para "ayudar a las empresas", pero lo único que lograron fue abrir la puerta a reclamos todavía más complejos y costosos.

El mito del trabajador sin derechos

En algún momento de la entrevista aparece una de esas frases que sintetizan todo: "El trabajador no registrado tiene derechos. Siempre. Todos tenemos derechos. El tema es cómo los ejercitamos y cómo están reconocidos esos derechos".

Esto mata uno de los grandes mitos que el gobierno y los voceros empresariales repiten como mantra: que el trabajador en negro no tiene derechos. Mentira.

El trabajador no registrado tiene exactamente los mismos derechos que el registrado. Lo que no tiene es un empleador que los respete. Y lo que pierde con esta reforma es el marco legal que le permitía reclamarlos de manera efectiva.

Porque si antes había multas claras por falta de registro, ahora hay que ir a litigar civilmente, probar la relación laboral, argumentar la lesión, navegar un proceso más largo, más costoso, más incierto.

El derecho sigue existiendo. Pero ejercerlo se volvió más difícil. Y esa es precisamente la trampa.

La Justicia Laboral: Provincias vs. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Uno de los puntos más confusos de la reforma es qué pasa con los fueros laborales. Circuló mucho la idea de que "ahora todos los juicios se van a tramitar en Buenos Aires", lo que generó pánico en el interior del país.

Rodrigo aclara: eso no es así. O mejor dicho, es así pero solo para la Ciudad de Buenos Aires.

"En Oberá existe el Juzgado Laboral Número Uno, en Posadas existen juzgados laborales. Esos juzgados van a seguir funcionando porque la ley no puede legislar sobre una cuestión provincial. La administración de justicia es provincial", explica.

Lo que sí cambia es que desaparece la Justicia Nacional del Trabajo, ese fuero histórico que funcionaba solo en Capital Federal y que durante décadas marcó la doctrina laboral de todo el país.

Esa justicia tenía 30 jueces especializados, la mayoría doctrinarios que escriben libros sobre derecho laboral. Cuando emitían un fallo plenario —una decisión tomada por mayoría de esos 30 jueces—, ese criterio tenía peso en todos los tribunales del país. No era vinculante legalmente, pero sí tenía un peso simbólico enorme.

Ahora ese fuero se "provincializa", pasa a depender de la Ciudad de Buenos Aires como cualquier otra jurisdicción. Y se pierde esa referencia doctrinaria nacional.

"Lo que se pretende hacer es desnacionalizar esa cuestión para que no todos los tribunales tomen como referencia la misma doctrina", sintetiza Rodrigo.

¿El resultado? Cada provincia, cada juez, va a interpretar la ley laboral como mejor le parezca. Se fragmenta el criterio. Se multiplican las interpretaciones. Y otra vez: aumenta la litigiosidad.

El Fondo de Asistencia Laboral: ¿quién lo va a usar?

Uno de los inventos más promocionados de la reforma es el Fondo de Asistencia Laboral (FAL). La idea es que las empresas aporten un 3% del salario de cada trabajador a ese fondo, y después ese dinero se usa para financiar indemnizaciones por despido.

Suena lindo en el powerpoint. En la realidad, es más complicado.

Rodrigo explica que ese 3% antes iba al sistema previsional, a la ANSES. Ahora se desvía a una "caja" nueva, gestionada por la Comisión Nacional de Valores, que va a invertir ese dinero en el mercado financiero.

¿Les suena? Es exactamente lo mismo que pasó con las AFJP en los 90. Fondos privados administrando recursos de los trabajadores, invirtiendo en acciones, generando ganancias para unos pocos mientras el riesgo lo asumen todos.

"Puede ser futurología", dice Rodrigo con cautela profesional. "Pero me baso en la historia. Esto ya nos pasó."

Y después viene la pregunta incómoda: ¿qué pasa con el buen empleador que nunca despide a nadie?

En Oberá hay muchas empresas donde la gente trabaja 30 años y se jubila ahí. Nunca hubo despido. Nunca se usó ese fondo. Entonces, ¿qué pasa con esa plata? ¿A dónde va? ¿Quién la usa?

Nadie tiene respuesta clara. Y cuando no hay respuesta clara en temas de plata, la historia enseña que hay negocio turbio.

Los Convenios Colectivos en la cuerda floja

Otro golpe brutal de la reforma es la eliminación del principio de ultraactividad de los convenios colectivos.

¿Qué significa eso? Que antes, si un convenio vencía y no se renovaba, seguía vigente automáticamente hasta que hubiera uno nuevo. Era una protección para que los trabajadores no quedaran en el aire.

Ahora hay un plazo de dos años. Si en ese tiempo el sindicato y la cámara empresaria no firman un nuevo convenio, el viejo caduca. Y los trabajadores quedan regidos solo por la ley general, sin las protecciones específicas que cada actividad había conquistado.

"Cada gremio va a tener que revalidar su convenio. Dos años de plazo", resume Rodrigo.

Es una presión enorme sobre los sindicatos. Y una tentación para las empresas de trabar las negociaciones, dejar pasar el tiempo, y que el convenio muera solo.

De lo que la Reforma no habla

En un momento de la entrevista, Rodrigo tira una frase que resume todo: "En ninguna parte habla del teletrabajo, de las aplicaciones, del home office".

Es decir: se hizo una reforma laboral en 2025 que no menciona el trabajo remoto, las plataformas digitales, los repartidores de apps, los freelancers. Todo el mundo laboral nuevo que creció en la última década no está contemplado.

"Si estamos hablando pura y exclusivamente del trabajo, hay muchas cuestiones que se tienen que normar que ahora no se norman. Quedamos con la normativa vieja adecuada a un sector de la sociedad", dice Rodrigo.

Y da un ejemplo concreto: un familiar suyo que es ingeniero de Nokia en Suiza trabaja desde su casa desde la pandemia. La empresa cerró el edificio, vendió todo, y la gente trabaja remota con contratos claros sobre horarios, derecho a desconexión, compensación por luz e internet.

Acá, nada de eso está regulado. Entonces, ¿cómo presenta una licencia alguien que no tiene un lugar físico donde presentarla? ¿Quién paga la luz que usa para trabajar? ¿Cómo se contabiliza la carga horaria?

La reforma no responde nada de eso. Porque fue diseñada por estudios jurídicos que representan a grandes empresas tradicionales, no por gente que entiende cómo funciona el trabajo en el siglo XXI.

La Fórmula Indemnizatoria sigue (pero con trampa)

Hay un dato que Rodrigo aclara y que es importante: la fórmula básica de la indemnización no cambia. Sigue siendo un mes de sueldo por cada año trabajado, calculado sobre la mejor remuneración del último año.

"El 245, la fórmula de cálculo, no se cambia. Un sueldo, la mejor remuneración normal, mensual y habitual del trabajador por cada año de servicio sigue siendo responsabilidad del empleador", aclara.

Pero ahí viene la trampa: ahora se excluyen ciertos rubros del cálculo. Las horas extras, por ejemplo, dejan de computar automáticamente. Solo cuentan si son "normales y habituales", concepto que cada juez va a interpretar como quiera.

Y ahí está el problema: la ley te dice que la fórmula sigue igual, pero después te saca componentes del cálculo. Es como decir "tu casa sigue siendo la misma" pero te volteamos una pared y te sacamos dos habitaciones.

El Sindicato que sigue estando

En medio de tanta incertidumbre y tanto retroceso de derechos, Rodrigo reafirma algo: el sindicato está. AECO está. Para todos, afiliados o no. Para empleados de comercio y para cualquier trabajador que necesite orientación.

"Cualquier duda, consulta que tengan, se pueden acercar. Inclusive las consultas pueden ser anónimas. No somos jueces de las conductas. Estamos para ayudar", dice.

Y en ese "estamos para ayudar" hay algo que trasciende la coyuntura. Porque cuando el Estado se retira, cuando la ley deja de proteger, cuando los legisladores votan reformas sin leerlas, lo único que queda es la organización colectiva.

Los sindicatos, con todas sus contradicciones y limitaciones, siguen siendo la última trinchera de defensa de los derechos laborales. Y en momentos como este, esa trinchera es más necesaria que nunca.

La Columna Vertebral que resiste

Rodrigo cierra con una idea que suena esperanzadora pero también inquietante: "Se modificaron ciertos artículos de la ley de contrato de trabajo, pero la naturaleza, la columna vertebral de la ley sigue siendo la misma".

¿Qué significa eso? Que el espíritu protectorio del derecho laboral argentino todavía está. Que la idea de que el trabajador es la parte débil de la relación y por eso necesita protecciones especiales no desapareció.

Pero esa columna vertebral está cada vez más erosionada. Cada reforma le saca un ladrillo. Cada modificación debilita un poco más la estructura. Y llega un momento en que la columna ya no aguanta el peso.

Esta reforma no derrumbó el edificio. Pero le sacó varias vigas de soporte. Y la próxima vez que vengan a "modernizar" las relaciones laborales, tal vez ya no quede nada que sostenga.

El desafío que viene

Los abogados laboralistas van a tener que estudiar mucho más, dice Rodrigo. Porque ahora las reglas cambiaron, los criterios se fragmentaron, las interpretaciones se multiplicaron.

Pero el que más va a tener que estudiar, el que más va a tener que moverse, el que más va a tener que organizarse, es el trabajador.

Porque esta reforma se hizo sin consultarle, sin escucharlo, sin importarle un carajo lo que le pasara. Se hizo en despachos porteños, con abogados empresariales, pensando en cómo facilitarle la vida a las corporaciones.

Y ahora toca resistir. Conocer los derechos que quedan. Saber qué se puede reclamar y cómo. Organizarse colectivamente para que el retroceso no siga avanzando.

Rodrigo Diello no es amigo de las entrevistas. Pero salió a hablar porque hay veces en que el silencio es complicidad.

Y en tiempos donde los derechos laborales están bajo ataque, cada voz que explica, que advierte, que acompaña, es un acto de resistencia.

Redacción RPD Noticias

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