El frío más cruel no es el del invierno, por Joselo Riedel

El frío llegó antes que el invierno en Misiones, como casi siempre. Pero en estas épocas no es el frío del clima lluvioso, de las posibles heladas o de los vientos del sur.

Marcelo Telez
29 may 2025 · 18:32 · 3 min de lectura
El frío más cruel no es el del invierno, por Joselo Riedel

Hay otro frío, más hondo. Uno que cala en los huesos porque no viene de afuera, sino de adentro. El frío de la incertidumbre, del estómago vacío, del alma cansada.

El frío que deja el abandono.

Hay trabajadores que se despiertan cuando todavía no se fue la noche. Se abrigan con lo que tienen: un buzo viejo, un tapado agujereado, el mate lavado de siempre, con la yerba más barata.

En las redes los candidatos "liber, blends, neo, unidos y no se qué" hablan de recuperación económica. Dicen que el país está volviendo a crecer. Que la libertad avanza.

Que hay que apretarse un poco más el cinturón. Que el mercado va a ordenar todo.

Dicen tantas cosas los que nunca supieron lo que es tener hambre, los que poco trabajaron de verdad. Se burlan.

Ahí están los vagos de la alta sociedad, hablando de "meritocracia". Hablan de esfuerzo. Hablan de sacrificios. Pero jamás sacrificaron un plato de comida. Jamás se acostaron con los pies fríos ni se despertaron con el estómago roncando.

Hablan como si la vida fuera una carrera justa, sin ver que muchos nacen sin zapatillas. O con una pierna rota. O directamente sin asfalto para competir.

"Hay que emprender, hay que hacer el esfuerzo", dicen. Como si todos tuvieran capital. Como si la pobreza fuera una elección.

“El Estado es un gasto”, dicen. Como si la escuela pública donde muchísimos aprendimos a leer fuera un lujo. Como si la salita del barrio que le salvó la vida a tantos bebés fuese innecesaria.

Nuestras personas no entienden mucho de economía, pero saben que cuando sube el dólar, baja su comida.

Saben que trabaja diez horas al día y aún así no le alcanza. Saben que los precios no esperan, pero el sueldo sí. Saben que a los pobres (mejor dicho empobrecidos) nadie les explica nada, sólo les exigen que aguanten.

Que aguanten para que los multimillonarios de lleven todo, así como lo están haciendo.

Los políticos mediocres se ríen desde sus propagandas estúpidas, desde sus oficinas con calefacción. Prometen libertad, pero no dicen para quién. Porque esa libertad no baja a la colonia, no baja al barrio, no baja al paraje, no se sube al colectivo, no entra al lugar de laburo.

Esa libertad es para los que ya son libres. Para los que nacieron con todo, y ahora quieren más.

Afuera, el viento pega con todo. Adentro, muchísimas familias luchan por subsistir. Luchan contra un sistema que los empuja, los exprime, y encima los culpa.

Y aún así, se levantan. Como millones. Porque el trabajador no tiene tiempo para discursos, ni cámaras, ni Twitter, ni tanta pavada. Tiene la urgencia en la panza y el deber en la espalda. Que no le hablen de meritocracia.

Ellos saben que el mérito nunca fue suficiente cuando el piso está hundido y el techo ajeno.

Ellos saben que el frío más cruel no es el del invierno. Es el de un país que decidió dejar de mirar a los de abajo para solamente beneficiar a los de arriba.

Joselo Riedel

TACTO. Información con sentido

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