El gobierno nacional ha corrido todos los límites, por Pedro Ríos

La democracia, desde su retorno en 1983, fue construyendo ciertos consensos básicos como el respeto por los derechos adquiridos, la protección de los más vulnerables, el acceso universal a servicios esenciales, y una convivencia social guiada por la paz y la justicia.

Marcelo Telez
22 may 2025 · 07:18 · 3 min de lectura
El gobierno nacional ha corrido todos los límites, por Pedro Ríos

Sin embargo, el gobierno de Javier Milei ha decidido romper con todo esto. Ha corrido todos los límites, y no de forma abstracta, sino con medidas concretas que hieren, excluyen y empobrecen a amplios sectores de la población.

Los jubilados, una de las franjas más sensibles de nuestra sociedad, han sido tratados con una crueldad que resulta difícil de explicar.

Sus haberes no superan la inflación y registran bajas en términos reales, mientras los precios se disparan mes a mes. Los bonos hace 14 meses que están congelados, esto no hacen más que confirmar la incapacidad o falta de voluntad para garantizar una jubilación digna y estable, y de esta manera se los condena a sobrevivir, no a vivir.

Mientras tanto, en las calles, la respuesta del Estado al legítimo derecho a la protesta es el protocolo antipiquetes: una herramienta represiva que criminaliza la expresión del descontento social.

En lugar de escuchar, el gobierno opta por reprimir. En lugar de dialogar, manda a las fuerzas de seguridad. Este endurecimiento no es casual; es parte de una visión de país que margina al que protesta en lugar de preguntarse por qué protesta.

La desregulación también ha sido una bandera de esta gestión, y sus consecuencias se sienten todos los días.

Los alquileres se han disparado, afectando especialmente a jóvenes y trabajadores. Las prepagas se ajustan sin control, convirtiendo la salud en un privilegio para pocos.

Hasta el precio de un bien tan simbólico y popular como la yerba mate ha quedado librado a la especulación, mostrando que no hay ámbito de la vida cotidiana que quede fuera de esta lógica de mercado desenfrenado.

A esto se suman las reformas laborales regresivas, que apuntan a flexibilizar y precarizar el trabajo.

Se busca debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores, desandar décadas de conquistas sindicales, y abrir paso a un modelo de empleo inestable y mal pago. El horizonte para millones no es la movilidad social ascendente, sino la incertidumbre permanente.

Como si todo esto no fuera suficiente, el gobierno impulsa una política de blanqueo de capitales sin ningún tipo de control sobre el origen de los fondos.

En otras palabras: se habilita el lavado de dinero, se le abre la puerta al crimen económico bajo el disfraz de la libertad económica. Una democracia sólida no puede aceptar semejante concesión a la ilegalidad y la desigualdad.

En definitiva, Milei no sólo está aplicando un programa económico ultraliberal: está desmontando los acuerdos sociales más elementales que tejimos en democracia.

Está corriendo límites que nos protegían del abuso, de la violencia institucional y de la ley del más fuerte. Está empujando a la sociedad a un estado de empobrecimiento material y moral, donde la desesperanza y la bronca crecen a diario.

Frente a este panorama, es necesario recordar aquella advertencia de El Eternauta, símbolo de lucha colectiva en tiempos oscuros: nadie se salva solo.

Porque si dejamos que se sigan corriendo estos límites, todos —más tarde o más temprano— seremos alcanzados por sus consecuencias.

Pedro Ríos

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