
Porque el ajuste, ese que nos venden como una "limpieza necesaria", tiene un impacto directo y brutal sobre la seguridad de las mujeres misioneras. Y acá no hay metáforas elegantes: cuando el Estado se retira, el que avanza es el violento.
Durante este 2026, las cifras en Argentina nos devuelven un cachetazo de realidad que el relato oficial no puede tapar: un femicidio cada 34 horas.
En nuestra provincia, la situación es crítica. Vivimos en una tierra de fronteras, donde el aislamiento de las colonias y la falta de recursos convierten a la denuncia en una carrera de obstáculos que muchas veces no tiene meta.
Nos dicen que "no hay plata" para actualizar el bono de los jubilados, pero tampoco hay para sostener el Programa Acompañar o para que la Línea 144 funcione como corresponde.
Han desmantelado los puentes que permitían a una mujer salir del infierno.
Hoy, en Misiones, una mujer que sufre violencia no solo tiene que lidiar con su agresor, sino con un sistema que le dice, por omisión, que está sola.
El recorte presupuestario no es una medida técnica neutra; es una decisión política con consecuencias de sangre.
Si vaciamos los refugios, si desfinanciamos las fiscalías especializadas y si dejamos a las promotoras territoriales sin apoyo, lo que estamos haciendo es firmar una zona de liberación para el patriarcado más rancio.
Es la "doble vara" de siempre.
Se llenan la boca hablando de libertad, pero ¿de qué libertad me hablan si una mujer no tiene la autonomía económica para dejar la casa donde la maltratan porque el Estado le quitó la asistencia? Eso no es libertad, es abandono de persona.
Misiones tiene ese 91% de territorio fronterizo que nos hace particulares. Aquí, cuando la púa aprieta y el Estado se borra, la vulnerabilidad se multiplica. La falta de presupuesto en seguridad y políticas de género no es ahorro, es desprotección planificada.
Como siempre decimos en la radio, el hilo se corta por lo más delgado.
Y hoy, en nuestra tierra roja, lo más delgado sigue siendo la vida de aquellas que el sistema prefiere no mirar. La muestra "Acá Estamos" que llega a la Facultad de Arte de Oberá es un grito necesario, pero no puede ser el único.
Porque mientras el capital financiero tiene garantizada su rentabilidad y los funcionarios nacionales se "desloman" por quedar bien con el Norte, acá abajo, en el barro de la realidad, nuestras mujeres están poniendo el cuerpo.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿quién cuida a las que nos cuidan? Porque entre recortes, discursos de odio y una austeridad que siempre castiga a los mismos, lo que estamos construyendo no es un país moderno, es un sálvese quien pueda.
Y en ese "sálvese quien pueda", las mujeres misioneras están pagando el precio más alto.
Marcelo Telez
Director | RPD Noticias

