Luces rojas en el tablero, el costo de la supervivencia y la orfandad , por Pedro Ríos

Hay momentos en la historia de una sociedad donde el lenguaje técnico de la macroeconomía se estrella de frente contra la crudeza de la vereda.

Marcelo Telez
1 jun 2026 · 21:08 · 4 min de lectura
Luces rojas en el tablero, el costo de la supervivencia y la orfandad , por Pedro Ríos

Nos hablan de superávit, de metas fiscales y de gráficos con flechas hacia arriba, pero cuando bajamos la mirada al ciudadano de a pie, la única variable que crece es el desamparo.

Hoy asistimos a un deterioro sistemático y doloroso de la calidad de vida de los argentinos, un retroceso que ya no se mide en índices abstractos, sino en la modificación forzada de las conductas más básicas.

El empobrecimiento se volvió cotidiano.

Lo vemos en el jubilado que camina tres farmacias para decidir cuál de sus medicamentos crónicos va a dejar de tomar este mes porque la jubilación mínima perdió la carrera contra los precios.

Lo vemos en la mesa familiar, donde el consumo de carne vacuna ha caído a mínimos históricos, reemplazado por harinas y opciones de menor valor nutricional; o en los padres que retiran a sus hijos de las escuelas privadas ante la imposibilidad de pagar la cuota, saturando un sistema público ya de por sí asfixiado.

La clase media no está sufriendo un ajuste temporal: está sufriendo una degradación estructural de su dignidad.

Y si de asfixia hablamos, es imposible esquivar la mirada de las aulas universitarias.

El flagrante incumplimiento del Gobierno nacional respecto al financiamiento de las universidades públicas no es un simple ahorro presupuestario; es un telegrama de despido al futuro del país.

Mantener las partidas congeladas o licuadas por la inflación real devora la operatividad básica de las casas de altos estudios.

Las consecuencias ya están a la vista: laboratorios sin insumos, proyectos de investigación científica desmantelados y salarios docentes que empujan a los mejores profesionales a la actividad privada o al desarraigo exterior.

Cuando se apaga la luz de una universidad pública, lo que se apaga es la única herramienta de movilidad social ascendente que le quedaba a este país.

Sin conocimiento soberano, quedamos condenados a ser simples espectadores del desarrollo ajeno.

Este clima de tensión e ingresos de indigencia no es ajeno a las provincias. El caso de Misiones es el síntoma más agudo de un modelo federal que cruje.

A dos años de aquel histórico "misionerazo" —esa postal de mayo donde docentes, personal de salud y las propias fuerzas policiales confluyeron en las calles en un reclamo desesperado por salarios dignos— el escenario político local está lejos de haberse pacificado.

La herida sigue abierta porque las respuestas de fondo nunca llegaron.

Frente a este panorama, el histórico oficialismo renovador acusa el desgaste de un esquema de poder que durante dos décadas pareció infalible, pero que hoy se muestra vulnerable ante la falta de recursos y el malestar social subterráneo.

Del otro lado, las oposiciones —fragmentadas, dispersas y muchas veces huérfanas de un liderazgo claro— ensayan movimientos, reuniones puertas adentro y discursos de ocasión.

El desafío que tienen por delante no es menor: intentar articular y armar una propuesta política que sea verdaderamente digna y competitiva para el 2027.

Sin embargo, el reloj corre rápido y el error de la dirigencia misionera sería creer que el 2027 está lejos. La sociedad ya no tiene margen para esperar que los frentes electorales se pongan de acuerdo en un escritorio.

Si el oficialismo provincial insiste en maquillar la realidad con retórica de superávit y la oposición se duerme en la comodidad de la queja sin propuesta, la crisis terminará devorándolos a todos.

La construcción de una alternativa digna no se edifica con promesas de campaña de acá a un año y medio; se construye hoy, dando respuestas al hambre, al salario y a la dignidad que se pierden todos los días.

La verdad, aunque incomode, se dice.

Pedro Ríos

La Mala Palabra - RPD Oberá

Publicidad
Publicidad