
Hay un número que el Gobierno repite con orgullo y que los medios nacionales amplifican sin demasiadas preguntas: cien mil millones de dólares en exportaciones. Un récord histórico. Una marca que ningún gobierno argentino había alcanzado.
El número es real. El problema es lo que ese número no dice.
Mientras la Argentina bate marcas en el comercio exterior, el empleo formal cae. Mientras Vaca Muerta bombea petróleo hacia el mundo y el litio del norte se va en camiones hacia los puertos del Pacífico, las empresas cierran y los trabajadores registrados son menos que el año anterior.
La economía creció 4,4% en 2025. Y sin embargo, tanto el número de empresas como el número de empleos formales registraron caídas. Eso no es un dato técnico. Eso es una contradicción política.
Eso tiene nombre. Se llama modelo de enclave.
El mapa del quién
Los sectores que generan el noventa por ciento de las divisas exportadoras crean sólo el diez por ciento del empleo privado registrado.
La minería de litio requiere miles de millones en inversión y decenas de miles de empleos —no cientos de miles.
La energía que sale por los poliductos de Neuquén emplea a una fracción mínima de la fuerza laboral argentina.
El agro, que sigue siendo el corazón exportador del país, tiene una base laboral enorme pero con una informalidad que los datos oficiales apenas registran.
La excepción, hay que decirlo, es la economía del conocimiento.
El software, los servicios profesionales, la inteligencia artificial aplicada a exportaciones: ese sector exporta diez mil millones de dólares y genera 350.000 empleos formales bien pagos.
Es el único sector que simultáneamente crece en divisas, crece en empleo y crece en calidad laboral. Y no es casualidad que sea también el sector que menos depende de que llueva en la Pampa o de que el barril de crudo esté a cien dólares.
Pero el software no se hace en Misiones. O no mayormente. La forestoindustria, que sí es trabajo misionero, crece más lento. Los productos regionales que dan empleo en el interior profundo no son los que lideran el boom.
Quién queda afuera
El modelo exportador que celebra el gobierno de Javier Milei es eficiente. Eso no está en discusión. Lo que está en discusión es para quién es eficiente y para quién es excluyente.
La baja de retenciones reduce el ingreso directo del Estado por cada dólar que se exporta. Si el volumen crece lo suficiente, compensa.
Si no, hay un agujero en las cuentas públicas que alguien tiene que tapar —y ese alguien suele ser el gasto social, la obra pública, los presupuestos educativos y sanitarios de las provincias. La lógica es conocida: achicás el Estado para que el mercado respire, y el mercado respira en Neuquén y en el Gran Rosario, no en los municipios del interior misionero.
No es una crítica ideológica. Es aritmética territorial.
Los que exportan récords son los mismos de siempre, más algunos sectores nuevos que crecen por inversión extranjera atraída por el RIGI y por un precio del petróleo que se disparó por una guerra en el Golfo Pérsico que nadie en Buenos Aires controló ni previó.
No es un logro de política económica. Es una combinación de recursos naturales, coyuntura internacional y desregulación que favorece a los que ya tenían capital para invertir.
Los que quedan afuera son los que trabajan en sectores orientados al mercado interno: industria, comercio, construcción.
Son los que perdieron poder adquisitivo cuando la inflación superó el 211% en 2023 y el 117% en 2024.
Son los que no tienen empresa exportadora, no trabajan en Vaca Muerta y no saben programar en Python. Son, en otras palabras, la mayoría.
Lo que el récord oculta
Cien mil millones de dólares exportados representan alrededor del catorce por ciento del PIB argentino. Es un número que impresiona.
Lo que no impresiona —porque no se dice— es que ese número convive con 45% de pobreza, con empleo formal en retroceso y con una recuperación económica que los propios analistas describen como una expansión que no se traduce en más puestos de trabajo ni en un mayor número de firmas operativas.
El derrame no es automático. Nunca lo fue. Y en este modelo, menos todavía: la lógica del ajuste fiscal, la contracción del Estado y la apertura irrestricta de importaciones —que pulverizó sectores industriales enteros— no están diseñadas para el derrame. Están diseñadas para la concentración.
La pregunta que hay que hacer
Desde el interior, la pregunta correcta no es si la Argentina va a superar los cien mil millones de dólares en exportaciones. La pregunta correcta es cuánto de eso llega a Oberá, a Campo Viera, a Dos de Mayo, a Aristóbulo del Valle. Cuánto de eso se transforma en trabajo registrado, en escuela equipada, en hospital con insumos, en jubilación que no pierde contra la inflación.
Hasta ahora, la respuesta honesta es: poco. Y no porque el país no exporte. Sino porque el modelo que celebra ese récord no fue diseñado para que el interior participe de los beneficios. Fue diseñado para que el interior tolere los costos.
Eso también tiene nombre. Se llama centralismo económico con estética libertaria. Y hay que decirlo. Aunque el número sea impresionante. Aunque el récord sea real.
Porque el periodismo del interior no existe para celebrar los datos de Buenos Aires. Existe para preguntar qué pasa acá.
Marcelo Telez
Periodista. Conductor de Agenda 3 en Misiones Cuatro y de Primera Mañana en RPD Oberá FM 97.5. Director de RPD Noticias (rpdnoticias.com). Integrante de El Trillo Cooperativa de Trabajo de Comunicación, con base en Oberá, Misiones. Ex Presidente del Círculo de Periodistas Ignacio Ezcurra. Miembro de FOPEA. Escribe y transmite desde el interior, no sobre el interior.


