La jefa del FMI en persona en Buenos Aires: reservas, Vaca Muerta y una deuda que no baja

Georgieva se reunió con Milei y bendijo la hoja de ruta económica, pero los números del propio FMI muestran una deuda que no baja de los 40.000 millones de dólares desde 2018.

Marcelo Telez
27 jul 2026 · 18:46 · 3 min de lectura
La jefa del FMI en persona en Buenos Aires: reservas, Vaca Muerta y una deuda que no baja

Hacía ocho años que un jefe del Fondo Monetario Internacional no pisaba Buenos Aires. Esta semana llegó Kristalina Georgieva: se reunió con Javier Milei, dio una conferencia de prensa en el Palacio de Hacienda y después se sentó con todo el gabinete nacional.

La deuda que no baja

Desde el rescate que pidió Mauricio Macri en 2018, la deuda argentina con el FMI nunca bajó de los 40.000 millones de dólares.

El país es, por lejos, el principal deudor del organismo en el mundo, y los vencimientos que vienen son una montaña: más de 7.700 millones de dólares en 2027, 10.000 millones en 2028, 11.000 millones en 2029 y 12.000 millones en 2030.

Al ritmo de pago actual, la deuda recién se cancelaría en 2038.

Consultada por el riesgo electoral de 2027, con más de 20.000 millones de dólares en vencimientos en moneda extranjera sobre la mesa, Georgieva fue categórica: "No me preocupa Argentina, que Argentina no tenga el dinero para pagar."

Y le pidió al Banco Central, presente en la sala, que siguiera comprando reservas.

La doble vara

El año pasado el Banco Central no cumplió las metas de reservas que el propio Fondo había fijado como condición del préstamo. Los desembolsos llegaron de todos modos.

Es un patrón con historia: en marzo de 1976, una misión del FMI le negó financiamiento al gobierno de Isabel Perón, atrapado en una corrida cambiaria, alegando que no garantizaba las reformas pedidas por Washington.

Dos días después del golpe de Estado del 24 de marzo, el organismo autorizó lo que le había negado semanas antes. Meses después, elogió el programa económico de la dictadura militar y le otorgó el préstamo más grande jamás dado hasta entonces a un país latinoamericano.

Ese mismo patrón explica, para esta lectura editorial, por qué Georgieva anunció un viaje personal a Vaca Muerta: asegurarse de que el flujo de dólares de la exportación de hidrocarburos siga sosteniendo el pago de la deuda, mientras Estados Unidos garantiza una fuente de energía fuera de su zona de riesgo geopolítico.

La fuga que nadie frenó

El estatuto del FMI obliga a verificar que existan controles de capitales antes de otorgar un préstamo, justamente para evitar que esos fondos se fuguen.

No ocurrió: en el año posterior al acuerdo de 2018, el Fondo giró 39.000 millones de dólares y en el mismo lapso se fugaron 30.000 millones. Con el gobierno actual, de los 20.000 millones girados el año pasado, una porción equivalente salió por giro de utilidades, atesoramiento y turismo.

El propio personal del Ministerio de Economía se lo planteó por escrito a Georgieva: el crédito del FMI está pensado para cubrir problemas transitorios de balanza de pagos, no para financiar la salida de capitales de un sector social reducido, algo prohibido por el propio estatuto del organismo.

El costo social

Desde diciembre de 2023 se destruyeron unos 200.000 empleos formales mientras se crearon 500.000 informales.

Kristalina Georgieva reconoció la informalidad como un problema, pero lo resolvió con la fórmula habitual —reforma laboral, reducción de aportes patronales, apoyo a pymes— sin responder si el organismo insistirá con elevar la edad jubilatoria o eliminar el monotributo, dos puntos que quedaron sin respuesta concreta en la conferencia de prensa.

Georgieva vino a asegurar reservas, respaldar a Vaca Muerta y proyectar optimismo cauteloso de cara a 2027.

Trump, del otro lado, consigue lo que necesita: un socio energético confiable en su propio hemisferio y un gobierno regional alineado a sus intereses. Kristalina, al gobierno. Trump, al poder.

Redacción RPD Oberá

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