Entre el barro de Epstein, el asedio a Ucrania y el ajedrez del Golfo, por Daniel Barrios
Siempre decimos que el escenario internacional cambia minuto a minuto, y esta semana nos ha dejado un "pincelazo" de realidades que merecen que nos detengamos a mirar debajo de la alfombra.

Lo que sucede en los Estados Unidos roza lo distópico.
Mientras Donald Trump intenta imponer, casi por decreto y bajo amenaza, que las escuelas proyecten la biografía de su esposa, el Departamento de Justicia lidia con una bomba de tiempo: tres millones de documentos del archivo de Jeffrey Epstein.
Es llamativo el esfuerzo de los grandes medios occidentales por vincular ahora a Epstein con la inteligencia rusa. Una maniobra de distracción clásica para desligarlo de su verdadero origen: un agente del Mossad incrustado en la médula del poder norteamericano.
Las filtraciones hablan de miles de menciones a Trump y videos comprometedores, pero también de algo más profundo: la intervención de estos personajes oscuros en golpes de Estado, desde Ucrania hasta intentos fallidos en la propia Rusia.
El rostro oscuro de la migración
Mientras tanto, la política doméstica de EE. UU. se tiñe de sangre.
El asesinato del enfermero Alex Prety en Minnesota, a manos de agentes del ICE de apellido Ochoa y Gutiérrez, nos deja una imagen dolorosa: hispanos ejecutando las órdenes de persecución de Trump contra sus propios hermanos de origen.
Es una degradación institucional que ni siquiera las cámaras en los uniformes podrán ocultar. El descontento ya se siente en las urnas; Texas, ese bastión republicano inexpugnable, acaba de darle la espalda al "Maga" en el distrito 9. El aire de cambio sopla fuerte, desde Miami hasta Seattle.
ICE: La tecnología al servicio de la cacería
Lo que estamos viendo con el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) no es solo un endurecimiento de las penas, es la transformación de una agencia en una fuerza de choque con tecnología de guerra.
La reciente orden de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, de implementar cámaras corporales de uso obligatorio —que ya arrancó en Minneapolis este 2 de febrero— se presenta como un "gesto de transparencia".
Pero no nos engañemos: llega recién después de que los agentes asesinaran a tiros a ciudadanos como Renee Good y Alex Pretti, lo que desató una ola de indignación que obligó a la ONU a condenar formalmente la "deshumanización" de los migrantes en EE. UU.
El ICE hoy opera bajo un modelo de impunidad vigilada. Las cámaras no están ahí para proteger al migrante, sino para blindar legalmente al agente en un sistema donde las muertes bajo custodia han alcanzado su pico más alto en dos décadas.
Mientras tanto, en ciudades como Los Ángeles, la agencia ya utiliza sistemas de reconocimiento facial y escaneo de patentes para cazar personas en lugares que antes eran sagrados: iglesias, hospitales y escuelas. Es la arquitectura del miedo perfeccionada.
El Golfo en un juego de nervios
En el plano estratégico, el mundo contiene el aliento en el Golfo Pérsico. La flota norteamericana, con el portaaviones Abraham Lincoln a la cabeza, está en posición, pero el ataque a Irán no llega. ¿Por qué?
Porque Trump sabe que un error de cálculo con Teherán no es una escaramuza más; es abrir las puertas del infierno en un área donde Israel presiona, pero donde China y Rusia ya mueven sus piezas.
Hoy, los satélites chinos le dictan a Irán la posición de cada barco yanqui en tiempo real. Es un ajedrez de alta tecnología donde un dron derribado es apenas una provocación para medir la paciencia del adversario.
En el Golfo Pérsico, el escenario es un "juego de la gallina" a escala nuclear. El asedio al régimen de los Ayatolas ha escalado tras el derribo de un dron Shahed-139 por parte de un caza F-35 que despegó del USS Abraham Lincoln.
Los medios norteamericanos hablan de una "aproximación agresiva", pero la realidad es que Irán está probando los tiempos de respuesta de la flota.
Sin embargo, hay un movimiento de "ajedrez" muy interesante:
La desescalada táctica: Washington acaba de reubicar al portaaviones Lincoln, alejándolo un poco de la "zona caliente". No es debilidad, es espacio para la política.
La cita en Omán: Todo este ruido de sables es el preludio para el viernes 6 de febrero. Ese día, delegaciones de ambos países se verán las caras en Mascate (Omán). Es una negociación indirecta, bajo la sombra de la amenaza militar, donde Trump busca un "Nuevo Acuerdo Nuclear" que Irán se resiste a firmar si no le devuelven la capacidad de exportar su petróleo.
Trump juega a dos puntas: en Twitter (o X) amenaza con "cosas malas" si no hay acuerdo, pero en el agua sabe que un conflicto abierto con Irán —apoyado por la inteligencia satelital de China que hoy le marca cada movimiento a Teherán— sería un pantano del que no saldría ileso.
El invierno de la guerra y el fin de un linaje
Para cerrar, dos noticias que marcan el pulso del poder real:
- Ucrania en la oscuridad: Rusia ha decidido golpear el corazón energético de Kiev. Bombardear minas de carbón en pleno invierno es una sentencia de frío para el pueblo ucraniano, mientras Zelenski sigue sin sentarse a la mesa de negociación.
- El magnicidio en Libia: El asesinato de Saif al Islam Gadafi, heredero del pensamiento nacional y africanista de su padre, elimina al último escollo para el gobierno libio pro-occidental. Una pieza más que cae en el tablero de las potencias.
En lo económico, la volatilidad manda. El oro se recupera, pero las criptomonedas y el riesgo país argentino nos recuerdan que la estabilidad es un bien escaso.
Daniel Barrios
Corresponsal Buenos Aires RPD Noticias


