Contra la impunidad de ayer y de hoy, por Pedro Ríos
Cada 24 de marzo, la memoria se hace trinchera. No es solo un día para recordar a los 30.000 desaparecidos, sino también para señalar con claridad por qué los desaparecieron: para imponer un modelo económico que arrasó con el país y benefició a unos pocos.

Fue un genocidio planificado al servicio del capital. La dictadura de 1976 no fue solo un golpe militar, fue un golpe contra la clase trabajadora, contra los estudiantes, contra los sindicatos, contra la industria nacional y contra cualquier intento de construir un país justo y soberano.
Mientras los militares secuestraban, torturaban, violaban, robaban y asesinaban, Martínez de Hoz y sus cómplices vendían la Argentina a precio de saldo. Destruyeron el aparato productivo, nos endeudaron hasta la médula y entregaron el futuro de generaciones enteras.
Fue terrorismo de Estado, sí, pero también fue terrorismo económico.
No hay forma de separar los crímenes de Lesa Humanidad del modelo de saqueo y empobrecimiento que implantaron a sangre y fuego. Y no se trató solo de los militares: una parte del empresariado, la banca y los grandes grupos económicos fueron socios necesarios en este genocidio.
Casi 50 años después, el proyecto de exclusión y miseria está de regreso. Hoy Javier Milei se presenta como un mesías libertario, pero es el gerente de un plan viejo y conocido: ajustar, destruir derechos y disciplinar al pueblo con hambre y represión.
Los jubilados que son golpeados por la policía mientras reclaman por una mínima dignidad no son muy distintos de los perseguidos de los años ‘70. Cambian las caras, pero el mecanismo es el mismo: precarizar la vida para favorecer a una elite parasitaria.
No podemos mirar para otro lado mientras la historia se repite. La motosierra no es solo un símbolo: es la herramienta con la que están demoliendo el salario, las jubilaciones y la capacidad de resistencia popular.
¿Y quiénes acompañan este saqueo? Gran parte del Congreso, que debería ser un freno, hoy funciona como una escribanía al servicio de las corporaciones. Diputados y senadores que fueron votados para representar al pueblo hoy entregan la soberanía y el futuro de millones, a cambio de negocios para unos pocos.
La represión de estos días, la criminalización de la protesta, las políticas de hambre, la destrucción del Estado y la entrega del patrimonio nacional son parte de la misma matriz de exclusión y violencia económica que ya vivimos. Hoy, como ayer, el ajuste viene acompañado de palos, gases y balas de goma.
El 24 de marzo no es solo una fecha para el recuerdo: es un Grito de Lucha. No es solo por los que ya no están, es por los que estamos y por los que vienen. No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos.
Porque el hambre también es un crimen, y la represión de hoy tiene las mismas manos manchadas de sangre que ayer.
Pedro Ríos


