Peter Thiel y Las Fuerzas del Celu
Peter Thiel, dueño de la big tech Palantir que proporciona datos a la CIA, está de visita en la Argentina.

El magnate apoya los objetivos imperialistas de Donald Trump y propone un orden mundial en el que la marcha de las naciones y la vida de las personas estén determinadas por la Inteligencia Artificial.
Si Mauricio Macri decía que la democracia debía funcionar con un botón, este otro empresario plantea que libertad y democracia son incompatibles entre sí.
Por lo demás, la narrativa de Palantir avizora establecer monopolios antes que competencia; promover guerras para lograr la paz, establecer el servicio militar universal y terminar con la idea de inclusividad, además de manifestarse, entre otras cuestiones y derechos, contra el voto de las mujeres.
Sin dudas, Peter Thiel en Argentina trabaja para las Fuerzas del Celu.
Dice: “La ciencia y la tecnología son aliadas naturales de un marco escatológico en el que Dios obra a través de nosotros para construir el reino de los cielos, aquí en la Tierra”. Toda nuestra pregunta es: ¿cómo funciona la Inteligencia Artificial para hipnotizar a sus usuarios a favor de un propósito tan siniestro?
Si aceptamos que el significado de una frase depende del Poder discrecional del oyente, formulamos aquí nuestra hipótesis: la actual implementación de la IA procura ubicarse como el único y omnipotente intérprete de la Humanidad, con el solo resultado de extinguir el lenguaje propiamente humano, del cual la metáfora --por albergar al sujeto-- es el rasgo más decisivo y propio de un cuerpo hablante.
Al respecto, basta un ejemplo. En su escrito --no por nada titulado “La metáfora del sujeto”-- Lacan cita un pasaje de Freud en que el infans Hombre de las Ratas --presa de un arrebato de furia-- le grita a su padre: ¡eh, tú, cuchillo, tenedor, cuchara!, por no disponer aún de los significantes que el sentido común empleaba para insultar. Al tiempo que el episodio denota el trabajo psíquico puesto en juego para servirse de las palabras con el fin de sentar posición ante la autoridad, la cita demuestra la preeminencia del significante por sobre el significado.
O sea: Tenedor puede ser un insulto. “Metáfora radical” llama Lacan a esta condición que da lugar al despliegue subjetivo.
Desde este punto de vista, toda palabra es una metáfora, habida cuenta de la imposibilidad del lenguaje para acceder al referente, cuestión que explica la inagotable riqueza de la lengua humana. La sustitución metafórica convoca el vacío donde habita el Deseo, aquello que el sujeto no termina de nombrar y por lo cual continuamos hablando.
Sucede que la IA refuerza el significado en desmedro del significante. Como dice Fabián Fajnwaks: “El significado está soldado al significante”.
En criollo, aunque se empleen diferentes palabras, el efecto inducido por una máquina en el usuario no se conmueve.
No hay metáfora radical en la IA. Es que, por más que se sustituya una palabra por otra, el algoritmo no alcanza a generar el “efecto de agujero” que permite quebrar el significado de una palabra anquilosada en el sentido común para así intervenir sobre el síntoma.
En el ámbito del hablante ser, entre una palabra (S1) y otra (S2) está el cuerpo vivo del sujeto, cuya singularidad es inaccesible al sentido. Esta vulnerabilidad ignorante es el mayor tesoro de una persona, allí se alojan las más delicadas fibras de su sensibilidad, creación y apertura al lazo social.
Cuando Juan Gelman dice: “tu cuerpo era el único país donde me derrotaban” está ilustrando por medio de una metáfora el recurso de acceder al cuerpo del Otro para así asumir --amor mediante-- el fracaso de dominar el propio goce. Esencial fragilidad que nos distingue como humanos y, en definitiva, único recurso ante el embate de Las Fuerzas del Celu.
Para terminar: el credo de Peter Thiel consiste en una teología del Poder. Vaya como ejemplo que, según este personaje, el Anticristo son aquellos que se oponen al cambio climático generado por el actual sistema económico, o sea. Semejante disparate cuenta con chances de triunfar merced a la actual implementación de la IA.
Por primera vez en la historia aparece un dispositivo que, sin requerir de un cuerpo vivo, trabaja para clausurar la división subjetiva.
A diferencia de las religiones, la magia o la ciencia, pasando por la escritura o la oralidad que requieren de seres humanos para su interpretación o aplicación, la IA puede tomar decisiones por sí sola y así eliminar el vacío a partir del cual funciona el pensamiento humano para llevarnos a catástrofes incalculables.
Desde este punto de vista, hoy la política del psicoanálisis consiste en desarticular la fascinación con que la IA satisface la pasión por la ignorancia que domina al ser hablante. Sin metáfora.
Sergio Zabalza
Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires
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