Oberá salda una deuda histórica con el pionero francés Luciano Blanchard "El escribano del conventillo"
Hay mañanas que nos reconcilian con nuestra propia historia, con esa identidad nuestra que se moldeó a fuerza de hacha, picada y tierra colorada.

Hoy, 14 de julio —casualmente en el Día de la Bastilla—, la Junta de Estudios Históricos de Oberá y el Concejo Deliberante hicieron justicia con un nombre que explica, en gran parte, por qué nuestro centro es hoy lo que es.
Se descubrió la placa homenaje a Luciano Blanchard, un pionero francés que entregó mucho más de lo que la historia oficial se acordó de contar.
Para entender la dimensión del homenaje, hay que escuchar el relato de su bisnieta, Rocío Novak Blanchard, quien integra con orgullo nuestra Colectividad Francesa.
Ella puso en palabras exactas lo que significó el desarraigo y la generosidad de su bisabuelo.

Perder la tierra para fundar un pueblo
Luciano Blanchard no era un improvisado. Llegó de Francia con una sólida educación a cuestas, buscando un pedazo de suelo donde plantar bandera junto a su familia. El Estado nacional le asignó unas tierras que, cosas del destino, estaban ubicadas justo donde hoy caminamos todos los días: el centro mismo de Oberá.
Sin embargo, cuando se trazó el plano de la futura ciudad, el sueño colectivo demandó un sacrificio individual. A Blanchard, como a otros tantos colonos, le expropiaron esas tierras para levantar el pueblo.
¿Qué hizo él? ¿Se quejó? Al contrario. Se mudó con los suyos a un conventillo, como se vivía en la época, y se puso a trabajar.
Desde ese rincón humilde, este hombre culto empezó a ejercer como escribano, prestando sus conocimientos para redactar las primeras actas de una comunidad que recién gateaba.
El tema es que Luciano no se quedó de brazos cruzados:
- En 1923 integró la Comisión Pro Caminos.
- En 1924 estampó su firma en los primeros estatutos del pueblo.
- En 1926 formó parte de la histórica primera Comisión Vecinal de Yerbal Viejo.
Y como si fuera poco, estuvo entre los diecisiete valientes voluntarios que abrieron a puro machete la mítica Picada San Martín.

El legado que sigue vivo en los clubes y en la sangre
Pero la vida no era solo abrir caminos y firmar actas. Blanchard entendió que el alma de un pueblo también se cocina en los clubes.
Fue secretario fundador del Internacional Yerbal Viejo Football Club y formó parte de la primera comisión directiva del Club Atlético Oberá, una pasión que, según cuenta Rocío, todavía hoy le enciende el pecho a toda su familia.
También empujó la creación del Aeroclub local, siempre mirando al futuro.
"Para nosotros es un enorme orgullo llevar su apellido y mantener viva su memoria", decía Rocío esta mañana, visiblemente emocionada. Y no es para menos. Detrás de esta placa hay años de investigación silenciosa de su papá y de sus tíos, que se encargaron de desempolvar papeles viejos para que la historia de Luciano no quedara en el olvido.
La verdad es que a veces tardamos demasiado en decir "gracias". Por eso, este reconocimiento a Blanchard es también una caricia para toda la colectividad francesa y para los descendientes de esos inmigrantes que dejaron su patria para hundir las manos en nuestra tierra colorada.
Hoy, el centro de Oberá respira un poco más aliviado. Ya sabe de quién era el suelo que pisamos.
Merci beaucoup, Don Luciano. Y feliz día de Francia para toda la colectividad.
Redacción RPD Oberá


