Minneapolis, el síntoma de un mundo que se desborda, por Daniel Barrios

Estamos viviendo tiempos en los que entender la realidad se parece cada vez más a intentar armar un mapa en medio de una tormenta.

Marcelo Telez
26 ene 2026 · 12:44 · 3 min de lectura
Minneapolis, el síntoma de un mundo que se desborda, por Daniel Barrios

Todo ocurre al mismo tiempo, todo se mezcla, todo parece excesivo. Y sin embargo, hay hechos que funcionan como señales de alerta, como síntomas de un desorden más profundo.

Lo que está ocurriendo en Minneapolis no es un episodio aislado ni un exceso circunstancial. Es una muestra brutal de hacia dónde puede derivar un Estado cuando el poder se combina con impunidad, miedo y fanatismo político.

Dos personas asesinadas por fuerzas vinculadas a la política migratoria de Donald Trump. Dos ciudadanos norteamericanos muertos en procedimientos que, lejos de proteger, exhiben una lógica de ocupación y castigo.

El caso de Alex Pretty —enfermero, 39 años, legítimo usuario de un arma, reducido por un grupo de agentes, desarmado y ejecutado— es imposible de justificar desde cualquier marco legal, moral o institucional. Las imágenes son claras: no era una amenaza. Y aun así, fue tratado como un enemigo. Como un blanco.

Antes, René Good había corrido la misma suerte. Y frente a esos hechos, el gobierno federal respondió de la peor manera posible: bloqueando investigaciones locales, apropiándose de las causas, vaciando de poder a fiscales que, en un acto de dignidad poco frecuente, decidieron renunciar antes que ser cómplices del encubrimiento.

La reacción social no tardó en llegar. Protestas masivas, organizaciones civiles movilizadas, incluso respuestas armadas de ciudadanos desesperados por la falta de justicia.

Y mientras tanto, medios alineados al poder intentan construir el viejo relato del “complot extremista”, la “amenaza externa”, el enemigo conveniente. Cambian los nombres —iraníes, venezolanos, izquierdistas— pero la estrategia es siempre la misma: desviar la atención del abuso real.

Todo esto ocurre, además, en medio de una crisis múltiple: tormentas invernales que dejan a millones sin electricidad, inflación que golpea hogares, incertidumbre económica, caída de la confianza en el dólar, compras masivas de oro por parte de potencias como China y Rusia, tensiones militares en Medio Oriente, movimientos de portaaviones frente a Irán, masacres silenciadas, pueblos abandonados y alianzas cada vez más cínicas.

El mundo está entrando en una etapa donde cada país parece jugar solo para sí mismo. Donde los liderazgos son débiles, erráticos o peligrosos. Donde la economía se vuelve un campo de batalla y la información una herramienta de guerra. Donde la democracia retrocede y la represión se normaliza.

Y la pregunta inevitable es: ¿por qué debería importarnos todo esto desde Argentina, desde Misiones, desde una ciudad como Oberá?

Porque nada de esto es ajeno.

Porque los movimientos del dólar, las crisis financieras, las guerras, las decisiones de las potencias y la inestabilidad global terminan impactando en nuestra economía, en nuestros precios, en nuestras deudas, en nuestras exportaciones, en nuestro futuro.

Porque vivimos en un mundo conectado, aunque muchas veces nos quieran convencer de lo contrario.

Minneapolis no es solo una ciudad lejana. Es un espejo. Un recordatorio de lo que pasa cuando el poder se siente autorizado a matar, a mentir y a no rendir cuentas. Y cuando la sociedad no se mantiene alerta, crítica y consciente.

En tiempos de ruido, confusión y propaganda, entender la realidad es un acto de resistencia.

Y no hacerlo, es dejar que otros dibujen el mapa por nosotros.

Daniel Barrios

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