El Chaqueño Milei, por Marcelo Telez

Por la Ruta 9, apenas cincuenta kilómetros después de cruzar Córdoba capital, aparece Jesús María.

Marcelo Telez
18 ene 2026 · 21:21 · 5 min de lectura
El Chaqueño Milei, por Marcelo Telez

Una ciudad que cada enero se convierte en un imán inevitable para las miradas del país.

En esas dos semanas en las que la jineteada se mezcla con el folklore y donde pareciera que el campo y la ciudad encuentran un acuerdo tácito al pie del escenario.

Este 2026 fue una edición especial: sesenta años del Festival Nacional de Doma y Folklore. Sesenta años de tradición, identidad y rituales que ya son patrimonio cultural.

Desde el jueves 8 hasta este domingo 18 pasaron por el escenario mayor artistas consagrados que le dieron brillo al Festival.

Amor Salvaje

Sin embargo, lo que terminó ocupando notas y notas no fue un cantor ni un dúo consagrado, sino un invitado inesperado que irrumpió el viernes 16 en horario estelar: el propio Presidente de la Nación compartiendo escenario con el Chaqueño Palavecino.

Nada fue casual. El ida y vuelta desde la primera fila hasta el micrófono estuvo guionado al detalle.

El cruce de miradas, el remate cómplice del Chaqueño y la invitación a subir al escenario conformaron un acto donde la espontaneidad quedó afuera del libreto.

Todo olía a estrategia: Milei sabía que la posibilidad de una audiencia favorable configuraban un ámbito perfecto para el baño de pueblo que necesitaba.

Ese trance en Jesús María fue, ni más ni menos, la primera escena de campaña de cara al 2027.

Javier Gerardo eligió Córdoba porque la Docta fue terreno fértil. Los números lo favorecieron en las elecciones de octubre de 2025 y todavía goza de simpatía entre quienes llenan tribunas, montan caballos y compran entradas para ver folklore.

No hubo silbidos ni gestos de rechazo. Era el lugar correcto para volver a sentirse un rockstar político.

Lo llamativo, sin embargo, es la contradicción permanente.

El mismo Milei que descalificó festivales populares por “mantener artistas que viven del Estado” terminó siendo protagonista central de uno de los más emblemáticos.

La excusa fue un agradecimiento; el resultado, otro caso de retórica desmentida por los hechos. Con su histrionismo intacto, el mandatario jugó fuerte y pasó la prueba. Porque si la escena hubiera salido mal, estaríamos hablando de otra cosa.

La Ley y la Trampa

Desde ahora, el libreto cambia. Viene ahí la parte que no se canta con guitarra ni se acompaña con bombo.

Lo que sigue es agenda pura y dura del Ejecutivo: se acerca el momento de tratar en el Congreso la reforma laboral.

Y es por eso que el ministro del Interior, Diego Santil, volverá a recorrer el país al estilo vendedor puerta a puerta buscando gobernadores que puedan sumar votos o al menos no restar.

La negociación promete ser áspera. Porque la llamada “Modernización Laboral” no es solo un cambio técnico en la letra fría de las leyes.

Tiene implicancias profundas: eliminar conceptos que durante décadas protegieron a trabajadores; poner topes y cuotas en las indemnizaciones; reducir hasta un 44 por ciento el costo del despido; habilitar, de manera unilateral, la posibilidad de prescindir de empleados sin causa justa.

Para las empresas, un alivio. Para los trabajadores, una amenaza disfrazada de oportunidad.

La reforma también impactará en todo aquello que, para el bolsillo, hace diferencia: aguinaldo, horas extras, vacaciones pendientes, vales, compensaciones, herramientas para teletrabajo. Todo lo que hoy tiene carácter remuneratorio puede convertirse en ficha intercambiable.

Es un paquete que encaja a la perfección con el credo liberal-libertario del oficialismo.

Y que, si se aprueba, dejará cicatrices durante años. Mientras tanto, el gobierno sigue apostando a la paciencia social.

El mensaje es simple: aguanten un poco más. Aunque no alcance la plata, aunque no cierre el monedero, aunque cada mes sea un ring donde el salario se desangra y los precios ganan por nocaut.

Dejando Huellas

El interrogante es el mismo desde hace tiempo: ¿Hasta cuándo?

Porque si el plan sale “bien”, lo que podría venir no es precisamente alivio. Si la inflación continúa su marcha ascendente, si no aparece reactivación productiva, si el financiamiento externo se evapora, si vuelven los fantasmas del endeudamiento de la era Caputo-Macri, ¿qué relato quedará en pie?

Las excusas nunca faltan. Pero la realidad tiene la costumbre testaruda de imponerse.

Juan de la Calle

Yuyo Montes era salteño, poeta, autor de “Juan de la Calle”, cantado tantas veces por el Chaqueño. En esas estrofas donde la pobreza tenía nombre, era diarero al alba, lustrabotas por la tarde, hijo del baldío. Juan era cualquiera, o todos.

Hoy sobran juanes y juanas de la calle.

La desigualdad crece al mismo ritmo que las plataformas de reparto o las bandas narco reclutan pibes sin horizonte.

A esos nadie sube a un escenario para abrazarlos.

La Yapa

Mientras tanto, arriba, Oscar Esperanza Palavecino disfruta las mieles de décadas de carrera.

Muy lejos de aquel chofer y vendedor de garrafas que supo ser antes de alcanzar fama y fortuna, según un informe de la revista Forbes del 2024, es uno de los cinco músicos más ricos del país.

Tengo mis dudas de que aquel Palavecino primerizo hubiera elegido compartir escenario con quien hoy empuja reformas que vuelven más frágil a la Argentina profunda a la que tantas veces le cantó.

Marcelo Telez

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