Dra. Sabrina Giménez - El dolor nunca es normal
Es un placer inaugurar este espacio de comunicación directa con ustedes. Como médica, mi misión no termina en el consultorio; se extiende a la comunidad con un objetivo claro: aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice sin palabras.

A menudo, el organismo emite señales sutiles que, por falta de información o por mandatos culturales, decidimos ignorar.
Pero hay una premisa fundamental que debemos grabar en nuestra conciencia: el dolor nunca es normal.
La naturalización del malestar: El caso del dolor pélvico
En la práctica diaria, el dolor pélvico crónico es una de las consultas más frecuentes, y a la vez, una de las más postergadas.
Es alarmante notar cómo, de cada diez mujeres, ocho o nueve conviven o han convivido con molestias en la zona baja del vientre (por debajo del ombligo) asumiéndolas como parte de su naturaleza femenina.
Solemos escuchar frases como "es normal que me duela porque estoy indispuesta" o "siempre tuve pesadez después de mi primer hijo".
Esta naturalización del dolor es un error clínico y social. Que un síntoma sea frecuente o habitual no significa que sea fisiológicamente correcto.
El ciclo menstrual es un proceso biológico natural; si genera una invalidez o un dolor persistente, estamos ante una señal de alerta, no ante una característica propia del género.
El umbral del dolor: Un arma de doble filo
Cada paciente posee un umbral de dolor distinto. Esto es particularmente riesgoso para aquellas personas con un umbral alto, quienes tienen una mayor tolerancia al malestar.
Estas pacientes suelen subestimar síntomas "soportables" y retrasan la consulta médica, permitiendo que patologías benignas evolucionen hacia cuadros complejos.
- Debemos prestar atención no solo al dolor agudo, sino a las manifestaciones sutiles:
- Sensación de pesadez o hinchazón en el bajo vientre.
- Aumento del volumen abdominal (la ropa ajusta más) sin cambios en el peso corporal.
- Dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).
- Alteraciones en el ritmo evacuatorio o urinario asociadas al ciclo.
De la sutileza a la complicación: El caso de las várices pélvicas
Para ilustrar la importancia de la detección temprana, recientemente atendí a una paciente que llegó a la consulta con una hemorragia profusa de un mes de evolución.
Tras realizar una ecografía transvaginal, detectamos un cuadro de várices pélvicas.
Al igual que las várices que vemos en las piernas, estas son dilataciones venosas, pero situadas en el sistema venoso profundo alrededor del útero.
Al no ser visibles, la paciente ignoró durante años la pesadez y las molestias leves.
La falta de un tratamiento médico oportuno derivó en una complicación mayor: una malformación arteriovenosa en la pared uterina, lo que transformó una patología tratable en una emergencia médica.
Conclusión de hoy: Elevar el umbral de conciencia
Mi invitación hoy es a romper con la cultura del "ya va a pasar" o el "me tomo un analgésico y sigo".
Patologías como quistes ováricos, miomas, endometriosis o adenomiosis no se descontrolan de un día para otro; el cuerpo avisa gradualmente.
La medicina preventiva no solo salva vidas, sino que garantiza una mejor calidad de vida con tratamientos menos invasivos y recuperaciones más rápidas.
Si el dolor persiste más de un ciclo, si es brusco o si se acompaña de otros síntomas, no consulte al "Dr. Google" ni al vecino. Escuche a su cuerpo y consulte a un profesional.
Prevenir es, fundamentalmente, aprender a descifrar ese lenguaje silencioso pero elocuente de nuestro organismo.
Dra. Sabrina Gimenez
Lo que el cuerpo no dice
