"Cuando una cae nos levantamos miles" el 3J fue un hito de participación en Oberá

Misiones, Córdoba y Buenos Aires. Tres provincias, tres mujeres asesinadas en apenas diez días. En ese clima, el Colectivo de Mujeres y Diversidades de Oberá convocó a la 11° Marcha del 3J y más de 300 personas dijeron presente.

Marcelo Telez
3 jun 2026 · 21:08 · 7 min de lectura
"Cuando una cae nos levantamos miles" el 3J fue un hito de participación en Oberá

Un hito de participación ciudadana en una ciudad del interior. El telón de fondo no es menor: Misiones carga hoy con la tasa de femicidios más alta del país.

Este miércoles 3 de junio, Oberá volvió a las calles.

Y no fue un puñado de militantes ni una postal de compromiso, fueron más de 300 personas las que se reunieron en el Centro Cívico convocadas por el Colectivo de Mujeres y Diversidades de Oberá, en el undécimo aniversario del Ni Una Menos.

Para una ciudad del interior, esa cifra no es un dato más. Es un hecho político. Una localidad que muchas veces mira las grandes movilizaciones por televisión esta vez fue protagonista, y eso tiene nombre: se llama participación, y se llama hartazgo.

Diez días, tres provincias, tres femicidios

La jornada nacional llegó marcada por una seguidilla que espanta. En apenas diez días, tres mujeres fueron asesinadas en tres puntos distintos del país, y cada caso golpeó a una provincia diferente.

En Misiones, Dulce María Beatriz Candia tenía 17 años; su familia denunció su desaparición el 17 de mayo en el Barrio Avanti de Eldorado y el 28 de mayo su cuerpo apareció en una construcción abandonada del Barrio El Tucán.

La causa fue caratulada como femicidio.

En Córdoba, Agostina Vega tenía 14 años y desapareció el 23 de mayo en la capital provincial. Su caso sumó indignación por las demoras y por el tono de algunas declaraciones oficiales durante la búsqueda.

En Buenos Aires, Noelia Carolina Romero, de 30 años, fue asesinada el sábado 30 de mayo en Temperley, partido de Lomas de Zamora, por su pareja, que la mantuvo de rehén y luego intentó quitarse la vida. Hay un detalle que vuelve el caso todavía más insoportable: la propia Noelia alcanzó a llamar al 911 —"mi novio me tiene de rehén, necesito ayuda"— antes de ser asesinada.

Y otro que debería avergonzar al sistema: una semana antes ya había hecho la denuncia por violencia de género, de modo que la Policía y la Justicia tenían información de la situación. El agresor, además, contaba con una denuncia previa de una relación anterior. El Estado sabía. No alcanzó.

Dulce, Agostina y Noelia. Una adolescente, una nena, una mujer joven. La proclama leída en Oberá tomó dos de esos nombres —Dulce y Agostina— y los puso en el centro de la plaza, porque, como dijo el texto, "cada femicidio es una ausencia, una silla vacía, un abrazo arrancado, una vida que debía seguir".

Una proclama que no se quedó en el femicidio

El documento que se leyó frente a la gente arrancó donde duele: "el silencio nunca protegió a las víctimas; el silencio siempre protegió a los violentos".

Pero lo más potente de la proclama de Oberá fue que se negó a quedarse solo en la cuenta macabra de los femicidios.

El texto ató la violencia machista a las condiciones materiales que la rodean y la alimentan.

Habló de una crisis económica que golpea primero a las mujeres —las que sostienen los hogares, los comedores, las redes comunitarias—.

Reclamó estar "desendeudadas", porque detrás de cada deuda hay una mujer que estira el sueldo y posterga hasta los remedios.

Pidió trabajo digno, y ahí la proclama se hizo netamente misionera: nombró a las trabajadoras rurales, a las tareferas, a las que ponen el cuerpo cuando las economías regionales se derrumban.

Reclamó salud mental, porque "no queremos sobrevivir agotadas; queremos vivir plenamente".

Y puso el dedo en una llaga concreta: siete de cada diez cuotas alimentarias no se pagan, "y esa violencia económica tiene rostro de mujer y de infancia".

Hubo lugar también para las niñas y adolescentes —"ninguna niña debe ser madre"—, para la trata que crece donde crece la desesperación, para los desalojos a las comunidades indígenas y para el deterioro de las políticas públicas que deberían prevenir y acompañar.

No fue una lista de quejas, fue un mapa del territorio. El que conocemos.

La proclama cerró con una consigna que ya es histórica y que en Oberá sonó con fuerza propia: "Vivas, libres, desendeudadas, cuidadas y con derechos nos queremos."

El dato que Misiones no puede esconder

Para dimensionar por qué Oberá llenó el Centro Cívico, hay que mirar los números, y los de la provincia son durísimos.

Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, que elabora la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema, Misiones registró en 2025 la tasa de femicidios más alta del país —1,77 casos cada 100.000 mujeres— con al menos doce mujeres víctimas en el año.

No es un mal año aislado, el análisis por jurisdicción muestra que el riesgo de ser asesinada por razones de género no acompaña la baja general de otros delitos.

Y la cosa no afloja en 2026. En lo que va del año la provincia acumula dos femicidios y un travesticidio, con el caso de Dulce María como el más reciente, señalado por los observatorios como reflejo de las falencias estructurales en prevención y acompañamiento.

Hay un número que debería sacudir a cualquier funcionario: entre el 1 de enero y el 31 de mayo, Misiones registró 14.003 denuncias por violencia familiar y de género, un promedio de casi 93 por día. Casi cien por día. En nuestra provincia.

Oberá tiene además su propia memoria en esta cuenta. En noviembre de 2021, Analía Pamela Torres, de 22 años, fue hallada sin vida en un inquilinato de la ciudad. Cada marcha que se hace acá lleva, aunque no siempre se diga, ese nombre y otros encima.

El contexto nacional: la curva baja, la herida no

A nivel país el dato oficial trae una luz ambigua. El Registro Nacional contabilizó 200 víctimas directas y 19 vinculadas en 2025, lo que equivale a un femicidio cada 44 horas. Es una baja del 12,3% respecto de las 228 de 2024. El Gobierno nacional lo festejó. Pero conviene leer la letra chica.

Los observatorios independientes marcan cifras más altas: el Lucía Pérez documentó 271 femicidios y transfemicidios, y MuMaLá registró 266, uno cada 33 horas.

La diferencia no es solo metodológica: la Justicia únicamente cuenta las causas judiciales iniciadas por razones de género, y eso deja afuera un universo enorme de casos. Dicho de otro modo: lo que el Estado no ve, no cuenta. Y lo que no cuenta, no se previene.

Esa ceguera tiene contexto político.

Desde el sector que sigue el tema se viene advirtiendo que el cierre del Ministerio de las Mujeres y el traspaso de responsabilidades a las provincias golpearon las políticas de protección.

Al mismo tiempo, el oficialismo nacional impulsa borrar la figura del femicidio del Código Penal.

Mientras tanto, la proclama de Oberá ya había puesto en palabras otra preocupación de época: el intento de instalar el debate de las "falsas denuncias" para poner bajo sospecha a quien se anima a denunciar.

Lo que dejó el 3J en Oberá

Quedará para el registro la imagen de un árbol colectivo donde la gente colgó sus deseos. Pero el propio texto se encargó de aclararlo: no eran solo deseos. Eran reclamos, derechos y urgencias.

Más de 300 personas en una plaza del interior no salen por costumbre.

Salen porque algo se rompió y porque, como decía la proclama, "cuando una cae nos levantamos miles". El caso de Noelia lo dejó crudo: había denunciado, llamó al 911, y aun así la mataron.

Por eso Oberá demostró este miércoles que el reclamo no es de las grandes capitales: es también, y sobre todo, de la calle de tierra colorada. Y mientras Misiones siga encabezando la peor de las estadísticas, esta plaza va a volver a llenarse. No por ganas. Por necesidad.

Marcelo Telez

Director RPD Oberá

#Si atravesás una situación de violencia de género, comunicate con la línea 144 (atención, contención y asesoramiento, las 24 horas). Ante un riesgo inminente, llamá al 911.

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