
Si miramos el vaso medio lleno y medio vacío, creo que tenemos que mirar el vaso medio lleno porque Flavio Bolsonaro estuvo casi dos horas ganando en primera vuelta las elecciones acá.
Y al final, bueno, eso pasó.
¿Por qué pasó eso? Porque los votos de la región nordeste de Brasil, que son ampliamente favorables a Lula, entraron mucho tiempo después; y también pasó algo que para mí es pésimo que haya pasado: mientras había gente haciendo cola para votar —porque la elección terminaba a las 17:00, pero si había cola, los que estaban en la cola tenían derecho a votar—, en muchos lugares había mucha fila.
Tenemos que recordar que fue una elección de cinco candidatos: un diputado estadual, un diputado federal, dos senadores, gobernador y presidente.
Entonces tardó. Yo tardé —por suerte, cuando fui a votar, no había mucha gente, pero estuve algunos minutos ahí siendo una votación electrónica—. Imagínense mucha fila para votar. Yo soy rápido, pero una persona que no tiene tanta familiaridad con las teclas y los números puede tardar mucho.
Entonces se apuraron con la publicación de algunos resultados que empezó puntualmente a las 17:00, mientras había un montón de ciudades de Brasil, sobre todo acá en el Nordeste —que es donde estoy y de donde tuve informes de gente—, donde había colas enormes todavía. Eso está mal.
Y está mal porque, obviamente, los resultados parciales —sobre todo los resultados que benefician a Flavio, porque casi todo el conteo estuvo favorable a él hasta que empezaron a entrar los votos del nordeste— influencian la decisión de la gente.
Y por supuesto, sobre todo para el tema del voto útil, acordémonos que estaba Lula, Flavio y después como cuatro o cinco candidatos todos de derecha que tuvieron resultados horribles.
Eso también confirma qué pasó con las encuestas.
La encuesta es un retrato del momento en que se hace, y obviamente en los últimos días hubo mucho voto útil porque, por ejemplo, el que estaba tercero según las encuestas tenía el 10%, y sacó el 2%. Eso pasó.
Pero que empiecen a dar resultados mientras la gente está esperando en una cola para votar, sobre todo en el tiempo de hoy que está todo online y todo tiene celular, es horrible, es pésimo.
Yo estoy seguro de que Flavio ganó muchos votos en la cola, pero bueno, hay que ver qué dice la ley sobre el momento de mostrar el avance del escrutinio.
Bueno, entonces por eso fue un panorama medio lleno: porque Lula logró al final entrar a la segunda vuelta, pero con una diferencia de votos de casi 2.500.000.
Hubo una abstención del 20%, que es como 30 millones de personas. Entonces, hay espacio todavía para que Lula pueda ganar la segunda vuelta.
Pero lo que complica mucho la situación es lo que pasó en el Congreso Nacional.
Fue una victoria abrumadora del partido justamente de Flavio, el Partido Liberal (el PL de Bolsonaro, de su padre). En el Senado ganaron 25 sillas, más de las 14 que ya tenían, de un total de casi 100.
El Congreso todavía tengo que averiguar bien cómo quedó en su totalidad, pero también fue muy aplastante. Ese es un tema muy complejo, porque si llega Lula va a tener mucha más dificultad que la que ya tuvo en esos cuatro años anteriores —en los que ya tenía un Congreso medio en contra—, pero ahora va a ser mucho peor.
Y si llega a ganar Flavio, va a tener total autonomía con el apoyo del Congreso, porque Brasil es presidencialista, pero el Congreso manda, el Congreso es el que dicta todo, ¿no? Entonces va a tener una mayoría tremenda y para mí se vienen cuatro años muy oscuros acá en Brasil.
Hay mucha gente de mis contactos, de los grupos que tengo acá, que está enojada con Lula, enojada con Brasil: “Ay, ¿cómo puede ser?”…
Y ahí yo parto hacia un segundo análisis que es muy importante: tenemos que mirar el mundo que nos rodea. Hoy estamos en un momento de ascensión de la extrema derecha.
Basta mirar lo que pasa en Latinoamérica, ni hablar: en Perú está la hija del sanguinario genocida Alberto Fujimori; en Colombia, un empresario outsider total, supermega corrupto; ni hablar de los otros países, sólo se salvan México y Uruguay.
Y si vamos a Europa, el tema es mucho más fuerte: en Alemania están ganando los neonazis en las elecciones de algunos lugares. ¿Quién nos garantiza a nosotros que en algunos años más gobiernen en Alemania los que defienden a Hitler? Y ahí vale la pena recordar que en su momento Hitler ganó por el voto de la gente.
Está Vox en España, que reivindica la dictadura de Franco. Investiguemos lo que fue la España de Franco: las películas, los informes, los documentales, todo. La dictadura de Franco fue de las peores cosas que pasaron en la historia de la humanidad, y ahora Vox cada año que pasa gana más votos, más adeptos. ¿Quién dice que en tres años no está Vox gobernando España?
Entonces, ¿vamos a culpar a Lula y al brasileño por lo que pasó hoy?
No, es un momento del mundo. Y ahí yo hago también el análisis de Argentina, que tiene un gobierno de extrema derecha muy nefasto, cuyo modelo económico ya está fracasado, totalmente fracasado.
Más allá de la batalla cultural que se puede dar, es un modelo económico tan fracasado que, de hecho, el discurso del gobierno de Milei es un discurso para 2028: “Bueno, si nos votan de nuevo en 2027...”.
¿Qué va a hacer de ahora hasta octubre del año que viene Milei en su gobierno? ¿Qué va a hacer? Nada. “Bueno, en 2028 vamos a ver la luz al final del túnel” es su promesa. Aprovechen entonces a convocar entonces a Gabriela Michetti, porque la reina de los túneles y de las luces al final del túnel es la más experta en eso.
Entonces, por más que estén a nuestro lado —son nuestros vecinos y de hecho son amigos, y lo han declarado, porque estuvo Milei acá defendiendo a Bolsonaro Jr. y Flavio abrazándose con él—, la gente no para un minuto para investigar qué es ese gobierno.
Pero no es un problema del brasileño, es un problema de la realidad que vivimos hoy, esa realidad de querer gobiernos de extrema derecha; la gente va a tener que sufrir eso.
Volviendo a Brasil y a Lula, no es que estoy disculpando a Lula de cualquier cosa.
No, Lula también tiene sus temas, y mucho de lo del presidente de Brasil explica lo que pasó ahí.
Lula Da Silva hizo un gobierno razonablemente bueno. ¿Qué es lo que Lula no pudo solucionar? No pudo solucionar el tema de las tasas de interés acá, que son muy altas, y eso inviabiliza todo.
Estaba luchando hace un montón de tiempo para la aprobación en el Congreso de un cambio en la ley laboral —cambiarla de 6 por 1 (seis días de trabajo, un día libre) a 5 por 2—, y está hace casi un año intentando y no lo logra.
Logró otras cosas: logró subir el mínimo no imponible de ganancias —hablando en criollo, exentar de impuestos a la gente que gana hasta 5.000 reales—, eso ya está en pleno funcionamiento.
Y está el tema de los juegos online, que Lula tomó la decisión por decreto hace algunas semanas de eliminar. Yo tengo mi opinión: para mí no era el momento, pero según una encuesta que salió después, el 75% de los brasileños apoya esa medida.
Pero eso no se convirtió en votos y, de hecho, perdió terreno ahí.
Entonces, Lula tiene su culpa, entre comillas, de lo que pasó hoy, pero no podemos poner toda la culpa sobre él, porque es un momento del mundo, un momento muy complejo y difícil.
Todo el mundo se está volcando a la derecha. ¿Por qué en Brasil no pasaría eso? Aunque el carisma de Lula es maravilloso, no es suficiente.
Entonces, el escenario de ahora es un escenario muy complejo. Se viene una segunda vuelta el 25 de octubre. Lula tiene dos millones y medio de votos para conseguir ganarle a Flavio; esa fue la diferencia.
Obviamente, hubo un 20% de gente que no fue a votar, que son casi 30 millones de personas, entonces hay espacio para que Lula pueda lograr eso. Pero aunque gane, se vienen cuatro años muy complejos para él; y si no gana, se vienen cuatro años muy oscuros para Brasil, porque Flavio Bolsonaro lo primero que va a hacer es indultar a su padre y a todos los que participaron del intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023, y va a tener todo el Congreso a su favor.
Además de eso, estamos hablando de un momento de fragilidad total del sistema de justicia de Brasil, de la Corte Suprema, que hasta hace meses atrás era un ejemplo para el mundo en 2023 en la defensa frente al golpe.
Pero recientemente se descubrió que casi todos los jueces de la Corte —quizá rescato a dos— están involucrados con un banquero que está acusado de estafas al sistema financiero público de Brasil.
Está en la cárcel y amenaza con convertirse en testigo protegido, pero involucró al 80% de los ministros de la Corte, y entre ellos a Alexandre de Moraes, que fue el gran bastión de la defensa institucional.
Un escenario muy complejo
Hay dos semanas ahí para luchar voto a voto, conquistar y convencer a la gente que no votó a ir a votar por Lula, y convencer a la gente que votó a Flavio de que no lo haga.
Respecto al voto útil, como estaban Flavio, Lula y después cuatro o cinco candidatos todos de derecha, fue tan fuerte la transferencia de votos de estos espacios a Flavio que el tercer colocado (Ciro Gomes), que estaba tercero en las encuestas con un 10%, sacó un 2,5%.
¿Qué significa eso? Que la gente decidió: “Antes que este, Lula, voto a Flavio”.
Tampoco es que Flavio vaya a tener mucho margen para conquistar votos nuevos, digamos, porque el tercer colocado tuvo solo el 2,5%.
Pero Lula tiene un trabajo por delante muy importante y muy estratégico, sobre todo en las redes, porque es donde la izquierda y el progresismo —de Brasil seguro, de Argentina seguro, de los otros países ya no sé tanto— tienen que dar la batalla: en las redes, en los algoritmos, en lo que decís.
El 25 es la segunda vuelta y ojalá se pueda lograr que ese vaso medio lleno desborde con mucha agua.
Daniel Oiticica


