A caballo regalado..., por Marcelo Telez

Hay una escena que ya conocemos de memoria. Un escenario, un presidente, un aplauso calculado.

Marcelo Telez
6 ago 2026 · 18:21 · 5 min de lectura
A caballo regalado..., por Marcelo Telez

Esta vez fue en la Rural de Palermo, el 26 de julio, y el anuncio venía envuelto en papel de regalo: 6.000 escuelas rurales de todo el país iban a tener internet satelital gratis.

“Sí, es un montonazo. Gracias, Elon”, dijo Javier Milei, mirando a cámara, agradeciéndole a Elon Musk como quien le agradece a un amigo que trajo el vino a un asado.

Y ahí quedó la foto.

Un empresario generoso, un Estado agradecido, miles de chicos del interior —muchos de ellos en Misiones, en Corrientes, en Santiago del Estero, en aquellos rincones que a veces se visitan cada dos años, en campaña— conectándose por fin a un mundo que hasta ahora les había quedado afuera.

El problema es que a caballo regalado, decía mi mamá, hay que mirarles los dientes. Y este, mirandolo de cerca, tiene la boca llena de nuestra propia plata.

La donación que pagamos entre todos

La Resolución 663 del ENACOM, publicada en el Boletín Oficial el 24 de julio pasado, cuenta otra versión de los hechos. El programa completo cuesta 21,8 millones de dólares. De esa plata, apenas 9,9 millones son un aporte real de Starlink.

Los otros 11,9 millones —más de la mitad— salen del Fondo del Servicio Universal, el fondo que se arma con el 1% de la facturación de todas las telecomunicaciones del país. Es decir: lo pagamos nosotros. Los que hablamos por celular, los que tenemos wifi en casa, los que pagamos la factura de internet cada mes en cualquier pueblo del interior.

Lo que se presentó como generosidad de Elon Musk es, en los papeles, un programa financiado en su mayoría con dinero público. La cuenta la paga el usuario de a pie.

Y hay algo más grave todavía. La Ley Argentina Digital, sancionada en 2014, puso un techo a lo que se podía financiar con ese fondo: 200 millones de pesos por proyecto, unos 150 mil dólares de entonces. El proyecto de Starlink lo supera 162 veces y media.

Ni Cristina, ni Macri, ni Alberto Fernández se animaron a saltar ese cerco para las grandes operadoras. A esta gestión le duró menos de tres años de gobierno.

El interior, otra vez, de furgón de cola

Acá es donde esta historia deja de ser una anécdota de Palermo y empieza a ser un tema nuestro, del interior, de las provincias que ponemos las escuelas rurales y los alumnos de la foto, pero no ponemos la letra chica de los contratos.

Porque mientras a Starlink el Estado le actualiza el pago en dólares, hay proveedores de internet argentinos —changas familiares, cooperativas locales, empresas chicas que sostienen la conectividad de escuelas rurales de verdad, todos los días, sin cámaras— que no cobran del mismo fondo desde 2019. Sin un peso de actualización.

“Para mí es malversación del FSU”, dijo sin vueltas un empresario del sector. No hizo falta que yo lo dijera; lo dijo alguien que factura, que contrata gente, que sabe lo que es esperar un pago que no llega.

Y como si fuera poco, semanas antes de la foto en la Rural, el mismo ENACOM ya le había regalado a Starlink otra cosa: una autorización excepcional para operar nuevas bandas del espectro radioeléctrico argentino, ese recurso finito y estratégico que un país no reparte todos los días. Más mercado, más usuarios, más poder de fuego para una empresa que ya tiene casi tres millones de clientes acá y que representa una cuarta parte de toda su operación en América Latina.

Todo, en menos de dos meses.

Recientemente, mediante la Resolución Nº 372/2026, el organismo le otorgó permisos excepcionales adicionales para usar nuevas bandas de frecuencia y ampliar así su capacidad de red para ponerlo en una posición prácticamente hegemómica en el mercado.

Lo que no se dice arriba del escenario

Nadie en su sano juicio va a discutir que esas 6.000 escuelas necesitan internet. Yo tampoco lo discuto. El problema nunca fue la conectividad.

El problema es la manera en que se cuenta la historia: como un regalo, cuando en realidad es una transferencia de recursos públicos con nombre y apellido, decidida sin consultar a quienes ponen la plata del fondo, y sin que nadie explique por qué a una multinacional se le abre una excepción que a las empresas locales nunca se les abrió.

A caballo regalado no se le miran los dientes, dice el refrán. Pero cuando el caballo lo termina pagando el vecino —o la escuelita rural que nunca vio actualizado un peso— conviene mirarlo bien, despacio, con la boca bien abierta.

Starlink no necesitaba el favor del Estado argentino.

El país sí necesitaba que se lo cuenten entero, y no en cuotas, y no a media voz, sobretodo cuando lo que pregonan la desregulación total y la destrucción del Estado son los que mejor los usan para hacer grandes negocios con sus amigos.

Marcelo Telez

Director RPD Oberá

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